10/14/2005

La adivinanza del zapatero.

Hubo en el país de los bufones, que sufría a causa de una escasez total de empatía gremial ya que los bufones se dedicaban hacía décadas y en exclusiva a insultarse unos a otros e incluso asesinar, un Zapatero que quería ser gran bufón alianzador del país y no se le ocurrió otra cosa que lanzar un acertijo sobre la solución a tanta enemistad manifiesta.

Un domingo de mercado se subió a la balconada del ayuntamiento y asi arengó a la multitud que por abajo discurría;
-Oid gentes del lugar, he ideado ocho soluciones para acabar con el mal rollo entre los bufones de la ciudad. Ocho.
Ahora, no os las contaré pues sois vosotros, interactivamente y de forma transversal los que habeís de dar con ellas y, sobre todo, con la que yo he elegido, la más mágica de todas, la fetén megaguay. Es nación pero no lo es el país, es estatut y es estatu.

En el reino se desató una fiebre de cábalas, de dimes y diretes, de suposiciones de todos los tamaños, formas y colores.

¡nación contenida!, ¡nación razonable!, tronaban unos allá, ¡nació! ¡naciotuto!¡carolandia! gritaban otros acá y los de más allá eran una algarabía tronante en la que no se distinguía nada.
Así estuvieron muchos días hasta que ZP, que ya era famoso nuestro Zapatero, se asomó de nuevo a la balconada.
-¡Veis cómo yo tenía razón?
El vulgo quedó atónito y espectante en grado sumo
-¿Cuás es la fórmula mágica, oh gran ZP?, se atrevió a preguntar una bufona de cuota.
- Vosotros la habeís dado sin saberlo estúpidos humanoides -bramó colérico el gran ZP, que se subía en la escala social lista por momentos.
Ved la solución al problema, ya no hay atentados, los bufones asesinos llevan días sin asesinar, apenas alguna paliza dentro de lo estadísticamente correcto y razonable y el país ha descubierto en la práctica que el medio, el gran ZP, es mas importante que el fin y por lo tanto, que el fin, la desaparición de la violencia, se subordina al medio.
¡¡¡YO SOY LA FÓRMULA MÁGICA!!!
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Se hizo un silencio repentino y hasta las moscas dejaron de zumbar. Durante unos segundos que se hicieron eternos, la multitud se limitó a mirarse unos a otros y al magno espectáculo que ofrecía en la balconada el Gran ZP, con sus nuevos brocados de plata y oro en su magnífica capa de armiño y raso carmesí.
ZP miraba sonriendo altivo a la muchedumbre.
Le vió venir sin pestañear, lanzado recto y directa a su entrecejo desde muy lejos y el canto rodado le dio de lleno, no hubo ráfaga de aire que lo tumbase...

¡¡¡PLAF!!!