8/25/2005

Fotografía de una realidad sangrante

Editorial de hoy de un medio muy conocido;


Fotografía de una realidad sangrante
La realidad que se dibuja tras los datos que refleja el informe de Population Reference Bureau sobre la población mundial y su situación era ya conocida antes de la publicación del dosier el pasado martes. Para desgracia de todos, las condiciones vitales de buena parte de los habitantes del planeta siguen siendo deplorables, con 1.200 millones de personas sumidos en la pobreza absoluta, de los que 850 millones padecen hambre. En definitiva, el 53% de los ciudadanos de la Tierra se encuentran por debajo del umbral de la pobreza, cifrado en dos dólares por persona y día.


Pero todas estas cifras no son un capricho de la naturaleza, ni responden a la voluntad de algún ser superior, sino que se deben a un sistema económico global, dominado por el capitalismo neoliberal. La búsqueda del máximo beneficio económico y un comercio internacional diseñado para que los países ricos sigan sojuzgando a los pobres son algunas de las bases de la llamada globalización. Africa no es pobre de solemnidad porque sus habitantes sean más «desafortunados» que los demás, sino porque sus riquezas han sido expoliadas sistemáticamente por los países europeos. Es tal el desequilibrio entre ricos y pobres que hasta los integrantes del G8 han tomado algunas tímidas medidas respecto a la deuda, que no obstante son totalmente insuficientes para lograr que esa franja de «países parias» puedan levantar cabeza y comenzar una senda de crecimiento y progreso que acabe con la actual pobreza.

El colonialismo, el esclavismo, el imperialismo, el neocolonialismo y la actual globalización han sido los causantes de que en estos momentos nos encontremos con un panorama tan desolador. Separar las cuentas de resultados de las multinacionales de las estadísticas e informes sobre la pobreza es una trampa conceptual de la que se debe huir. Las políticas impulsadas por los organismos de Breton Woods, como son el Banco Mundial, el FMI, la OMC y los diferentes bancos regionales de desarrollo, son directos contribuyentes a la permanencia de la pobreza y el subdesarrollo en el mundo. Los gobiernos de los países ricos insisten en proteger sus mercados de la llegada de productos de las economías emergentes mientras inundan a esos estados con sus exportaciones de armas e instigan y mantienen conflictos de «baja intensidad» entre ellos. Como dicen los militantes de la alterglobalización, otro mundo es posible, pero para lograrlo es necesario una reforma a fondo del actual modelo económico mundial. -

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Solución a los pasatiempos

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