11/29/2005

Las hogueras del odio

Nuestros suburbios son absolutamente franceses. Demasiado fácil estigmatizar al extranjero. Los incendiarios son de los nuestros. Son ciudadanos de un país en el que soplan vientos de odio.
Este es el corolario de un excelente artículo de André Glucksmann aparecido hoy en El Páis.

En el expone que la integración en Francia ha sido un éxito; El diagnóstico es el mismo en todas partes: fracaso de la integración. ¿Y si fuese lo contrario? Los inmigrantes de primera generación no le prendían fuego a sus chabolas, mucho más sórdidas. Sus hijos son franceses y se comportan como franceses, incluso cuando, con otros franceses "de pura cepa", tienen la cerilla rápida. No son, como se les hace creer por racismo compasivo, los condenados de la tierra. La quema de los suburbios es una prueba de que la integración se ha llevado a cabo: todo depende de cómo y a qué se integre uno.

Desde que empezaron las quemas masivas me permití señalar que el atribuir como hace todo el mundo la causa del problema a la condición de hijos de inmigrantes es además de mentira un ejemplo de racismo. Curiosamente los adalides de esta interpretación han sido las izquierdas, junto con el frente Nacional de Le Pen, supongo.(no estoy al tanto de las manifestaciones de Le Pen, las imagino, si me equivoco que alguien me corrija).
Las causas que explican el fenómeno Glucksmann las sitúa en Francia, yo creo que en España ocurre exactamente lo mismo;
Es en Francia donde los incendiarios nihilistas aprenden que ser fuerte significa hacer daño. Cuanto más rompes, más importas.
Los etasunos lo saben hace mucho, los terroristas árabes también, y los apedreamientos de sedes del PP o reventar las conferencias en universidades señalan que demasiados lo saben también.

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